miércoles, 31 de enero de 2018

Borderline, el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP)



Se caracteriza por la inestabilidad emocional, la ira, el fracaso. La persona sufre de una urgente necesidad de amor, aunque no logra sentirse amada a causa de su desconfianza, y esto conforma un círculo vicioso del que no puede escapar.

Aqueja a personas que por alguna razón sufrieron interferencias en su desarrollo infantil, no han podido evolucionar, y se sienten inseguras de sí mismas y del mundo que las rodea.

Es una enfermedad frecuente en la sociedad actual, aunque sea reconocido como tal, solamente en los casos más graves. La persona se siente agobiada por emociones contrapuestas, siente desconfianza de todo, un gran vacío, es agresivo, no sabe amar ni sentirse amado y entonces experimenta una enorme soledad, es autodestructivo, no se adapta socialmente, etc.

El TLP es una defensa psicológica contra dos problemas: 
- La falta de amor y seguridad emocional durante la infancia.
- La hostilidad, individualismo, y desconfianza, vigentes en la sociedad actual.

Los adolescentes son los más expuestos a este trastorno, y las consecuencias aparejadas son la violencia, fracaso escolar, adicciones, delincuencia, bulimia y anorexia, autolesiones.
Alrededor del 20% de los borderline muestran deficiencia de vitamina B12, mostrando síntomas de fatiga, rigidez en las extremidades inferiores y disestesia.


Síntomas afectivos

1.- Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días).

2.- Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes). 

3.- Sentimientos crónicos de vacío o inutilidad
 

Síntomas impulsivos

4.- Comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamiento de automutilación.

5.- Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por extremos de idealización y devaluación.

6.- Impulsividad en al menos dos áreas que es potencialmente dañina para sí mismo (p. ej., gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida).
Nota: no incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el criterio 4. 
 

Síntomas interpersonales

7.- Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado.
Nota: no incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el criterio 4.

8.- Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable. 
 

Síntomas cognitivos
                                  
9.- Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.


El pronóstico en el TLP viene condicionado por la edad de aparición de los primeros síntomas, la intensidad de los mismos y la presencia de ciertas conductas.

Un pronóstico negativo vendría marcado por inicio temprano (infancia y adolescencia) de los síntomas, alta intensidad de los mismos, presencia de algún tipo de adicción y conductas suicidas o parasuicidas o conductas disociativas, poca conciencia de enfermedad del sujeto y negativa a ponerse en tratamiento.

Un pronóstico positivo vendría dado por aparición de los síntomas ya en la edad adulta (entre los 20 y 25 años), ausencia de conductas adictivas o de conductas suicidas y predisposición a vincularse a nivel terapéutico.

Existen modelos de predicción de la evolución de los pacientes sometidos a terapia durante dos años valorando la psicopatología de base, presencia de traumas en la infancia y estabilidad de las relaciones actuales. Sin embargo, la predicción a 10 años es más compleja y además de elementos que se tienen en cuenta en las evaluaciones habituales, entran en juego otras como el temperamento particular del paciente.


Tratamiento

Se han usado algunos medicamentos conjuntamente con otros tratamientos del TLP, aunque la base de evidencia está limitada. Puesto que el TLP ha sido tradicionalmente considerado como una afección primariamente psicosocial, la medicación va destinada a tratar los síntomas co-mórbidos, como la ansiedad y la depresión, más que el propio TLP.
Para los síntomas de desregulación afectiva se utilizan los antidepresivos, así como los estabilizadores del estado de ánimo (anticonvulsivantes). Si la afección comórbida afectiva consiste principalmente en ansiedad, se pueden prescribir benzodiacepinas. Para desregulaciones y alteraciones de la conducta y de la percepción se emplean los neurolépticos. En algunos casos especialmente severos en los que existe comorbilidad con trastornos del eje I, en especial depresión grave refractaria a la farmacoterapia, se puede llegar a emplear la terapia electroconvulsiva.


TERAPIA


- Intentar mejorar la autoestima del paciente.
- Liberar sus rencores ocultos.
- Orientar positivamente su narcisismo.
- Fomentar la confianza en los demás.
- Ayudar al paciente a confiar en sí mismo y en los demás, a valorarse y quererse.
- Concretar sus sueños pendientes.

Los TLP denotan una inmadurez emocional ocasionada por carencias afectivas, que los hacen infelices y también a los demás.

El tratamiento es largo y este proceso se ve obstaculizado por la natural desconfianza del paciente, y su miedo a dejar de ser él mismo. El TLP no puede eliminarse completamente, pero sí pueden lograrse mejoras importantes, que permitan al sujeto vivir de un modo más pleno.