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lunes, 12 de septiembre de 2016

Y ahora... ¿qué?


Algunas personas me han preguntado: 
"Y ahora que has acabado los trabajos que tenías previstos para este verano 
y has cumplido con ellos, ¿qué va a pasar y/o vas a hacer a partir de ahora?" 
Poca gente sabe cuáles son los proyectos que tengo en mente 
para poner en marcha, o mejor dicho, 
que ya he puesto en marcha incluso antes de acabar dichos trabajos.
Llegó septiembre y hay que iniciar nuevos proyectos, 
al igual que muchos empiezan un nuevo curso. 
Este año tras mucho pensar y darle vueltas a la cabeza, 
al fin me he decidido y me ha salido una oportunidad que llevaba mucho tiempo aplazando, 
así que me he matriculado en un curso y he empezado a estudiar. 
Aunque me he resistido, durante mucho tiempo a ello por mis crisis amnésicas, 
le he echado valor y desde el día 1 de Septiembre ya comencé el curso. 
Tengo hasta finales de Diciembre para aprobar la parte teórica del mismo y, a partir de ahí, 
comenzaré a realizar prácticas donde consideren oportuno enviarme. 
De momento es algo que ni tan siquiera me planteo, 
estoy en la fase teórica y es un verdadero dolor de cabeza, 
pues me cuesta planificarme los horarios de estudio, 
aprender nombres, memorizar y comprender... 
¡Hace tanto que dejé de estudiar! 
Pero eso sí, estoy decidida a intentarlo.
Es una espinita que tengo clavada desde hace muchos años y que me ilusiona. 
Es una forma de abrir una nueva puerta al futuro. 
Algo que debí realizar en su día y no quiero seguir arrepintiéndome toda la vida. 
Al mismo tiempo estoy nerviosa, pues no dejo de decirme a mi misma 
"¿Qué has hecho?¿Dónde te has metido?"
 Hay momentos en los que me arrepiento. 
Me da miedo. 
Pero si algo tengo claro, si algo he aprendido durante estos duros años, 
es que si no lo intento, sino lucho por aquello que deseo, 
sino me muevo, 
voy a estar siempre estancada en el mismo lugar. 
Y si, finalmente, no consigo terminar con éxito este curso tampoco pasa nada. 
No se acaba el mundo. 
Siempre puedo volver a intentarlo, otra vez más. 
Además, no sólo voy a estar estudiando, también tengo algunos trabajos por horas. 
Algunas mañanas ocupadas, tres horitas de trabajo y a casa. 
Que también vienen bien. 
E, incluso, alguna noche cuidando a personas mayores, 
las cuales, puedo aprovechar para estudiar. 


miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Por qué no hacerlo por mí?


La primera cosa que se nos ocurre hacer con alguien que queremos es cuidarlo, ocuparnos de él, escucharlo, procurarle las cosas que le gustan, ocuparnos de que disfrute de la vida y regalarle lo que más quiere en el mundo, llevarlo a los lugares que más le agradan, facilitarle las cosas que le dan trabajo, ofrecerle comodidad y comprensión.

Cuando el otro nos quiere, hace exactamente lo mismo.

Ahora, me pregunto: ¿Por qué no hacer estas cosas con nosotros mismos?

Sería bueno que yo me cuidara, que me escuchara a mi mismo, que me ocupara de darme algunos gustos, de hacerme las cosas más fáciles, de regalarme las cosas que me gustan, de buscar mi comodidad en los lugares donde estoy, de comprarme la ropa que quiero, de escucharme y comprenderme.

Tratarme como trato a los que más quiero.

Pero, claro, si mi manera de demostrar mi amor es quedarme a merced del otro, compartir las peores cosas juntos y ofrecerle mi vida en sacrificio, seguramente, mi manera de relacionarme conmigo será complicarme la vida desde que me levanto hasta que me acuesto.

El mundo actual golpea a nuestra puerta para avisarnos que este modelo que cargaba mi abuela (la vida es nacer, sufrir y morir) no sólo es mentira, sino que además está malintencionado (les hace el juego a algunos comerciantes de almas).

Jorge Bucay
“El camino del Encuentro”


miércoles, 31 de agosto de 2016

Oferta rechazada



¡¡¡Holaaaa!!!
¡Cuánto tiempo sin subir un post! 
Ya lo echaba en falta pero me era imposible, 
me faltaban horas al día para hacer todo aquello que quería. 
Estoy trabajando aún, aunque esta es mi última semana. (Si no me sale nada más). 
Os comenté que tenía visto un trabajo en el que quizá me quedase como interna. 
Pues bien, lo comencé la semana pasada y, las personas me tratan muy bien desde el principio. 
Me ha costado adaptarme un poco a la persona que estoy cuidando 
porque requiere ciertos cuidados especiales, 
sin embargo conforme han pasado los días,
 todo va sobre la seda y nos entendemos muy bien. 
Tanto que no quieren que me vaya. 
De echo, ya el primer día una de sus hijas, 
me propuso quedarme en puesto de la chica a la que estoy cubriendo, 
pues no se llevan bien y yo le gusto más. 
La verdad es que me lo pensé, pues somos casi familia y estoy bien. 
Pero hay cosas en las que no nos entendemos y no vamos a llegar a un acuerdo.
 Para empezar son muchas horas las que paso aquí en casa con ella, 
atendiendo sus necesidades (que no son nada fáciles ni agradables), 
es una señora un poco “difícil” por decirlo de algún modo 
y pretenden pagarme el mismo sueldo (es decir, una miseria) que le dan a la otra chica. 
No, gracias.
La verdad es que me renta más estar en casa y ayudar a mis padres que aceptar este trabajo. 
Está mal pagado y aun se piensan que te hacen un favor, 
pero una no va a trabajar por amor al arte y menos aun echar trece horas al día 
por la miseria que me han ofrecido, encima sin contrato. 
Además, tengo otro proyecto en mente y en marcha 
para empezar ahora en septiembre y necesito concentrarme en ello. 
Si tengo suerte, puede ser otra puerta más para labrar mi futuro profesional 
cambiando de trabajo, ambiente y echando menos horas. 
Ya os contaré sobre ello y cómo me va. 


miércoles, 20 de julio de 2016

Cubriendo vacaciones


Después de unas semanas de descanso, 
a partir de mañana empiezo un nuevo trabajo en una nueva casa. 
Claro que tan solo es para hacer una suplencia. 
Como suele ocurrir en estos meses de verano, 
muchos desean tomarse unas días de vacaciones y, 
por ello buscan personas que cubran sus puestos mientras tanto. 
Así que, mientras otros disfrutan del veranito, yo me lo voy a pasar trabajando.
 Y, ojo, no me quejo. 
Al contrario, estoy encantada. 
Pues aunque sean unas semanas, en cuanto acabe en esta casa, 
tengo otra en la que me esperan. 
Es una buena señal. 
Poco a poco, me van saliendo oportunidades. 
Y, lo mejor de todo, es que en la segunda, 
tengo opciones de quedarme incluso como interna. 
Es pronto para saberlo, pero... 
¡¡Todo se andará!!
 Por el momento, ya conocí a la señora que voy a estar cuidando estas 3-4 semanas. 
Estoy gratamente sorprendida. 
Siempre es un lío al principio, adaptarse a la persona, conocer la casa, 
estar pendiente y controlar la medicación que toman...
sin embargo en su caso, es muy simple, pues es muy escasa, 
lo cual, me asombra para su edad. 
En fin, espero empezar con buen pie y controlar los nervios que, como sabéis,
 intentan adueñarse de mí y boicotearme en todo momento. 

viernes, 1 de julio de 2016

Si fuera valiente...


Saben, algunas personas me dicen que soy valiente 
por hacer el trabajo que hago. 
Cuidar y atender a una persona en los últimos momentos de su vida 
con todo lo que ello conlleva. 
Según mi psicóloga, no todo el mundo es capaz de sobrellevarlo, 
pues se necesita de una gran fortaleza psicológica y mental. 
Y, sin embargo por otro lado, hay personas que menos precian ese trabajo. 
"Total para lo que tienes que hacer..." 
Eso me han llegado a soltar en más de una ocasión.
 ¡¡Qué sabrán ellos!!
 ¿Acaso lo han hecho alguna vez? 
¿Se han preocupado de alguien más que no sean ellos mismos?
 Eso es una de las cosas que más rabia me da, 
que hablen sin conocimiento de causa. 
Trabajar con personas mayores tiene tanto cosas buenas como malas, 
pero la gran mayoría son gratificantes. 
Y, sí, es cierto, has de estar bien preparado y fuerte para aguantar lo que acontezca, 
pues esa persona va a llegar a un punto en que dependerá de ti para todo. 
Y, aunque los demás no lo vean, ese apoyo emocional que le prestas 
aunque solo sea estar a su lado y hacerle compañía, 
hablando con ellos, escucharlos o, simplemente, 
cogiéndoles de la mano es todo un alivio y consuelo en esos duros momentos. 
Los cuales, no son fáciles de llevar, incluso para la propia familia que han de delegar, 
en ocasiones, en alguien externo cuando se prolonga la situación. 
Con el tiempo, aunque intentas mantener la cabeza fría, 
no puedes evitar empatizar con la persona a la que cuidas y sus familiares. 
Y, claro, cuando llega el "momento de la despedida", se hace duro. 
Ahí necesitas sacar toda tu fortaleza y no dejarte llevar por tus sentimientos y emociones, 
sacar a la profesional que llevas dentro y actuar. 
Cuando todo acaba y se pasa el estrés del momento,
 tu cuerpo ya se encarga de pasarte la factura, 
pues no creas que vas a salir ilesa de este proceso. 
Ahora toca otro, otro en el que has de sanarte a ti misma. 
Necesitas tiempo para reponerte y aprender de lo vivido. 
¿Pero qué pasa si, por circunstancias de la vida, 
ocurren otras cosas que no te dejan siquiera tiempo de asimilar lo que ha pasado? 
Pues que te toca seguir luchando y afrontando todo lo que venga sin descanso. 
Tomas aires y te lo echas, nuevamente, todo a la espalda. 
Ya habrá tiempo para ti, o eso quieres creer... 
Porque, sin saber cómo, todas las responsabilidades recaen sobre tus hombros. 
Te guste o no. 
Aunque haya más gente a tu alrededor. 
Lo tuyo, siempre, ha de estar al final. 
Los demás son lo más importante. 
Aunque revientes. 
"Total, tu trabajo tampoco es nada del otro mundo. 
No estarás tan cansada...
Algo tienes que hacer..." 
¡En fin! 
Y, claro, el mal humor, la mala leche, la rabia...
 llamadlo como queráis, al final sale por algún lado.
 Luego dicen que no se puede hablar conmigo, que estoy irascible o tonta... ains... 
Cuando en realidad lo que siento es una pena y un vacío enorme. 
Menos preciada y no se valora lo que hago. 
Como si mi trabajo no sirviera de nada. 
Toda la vida pendiente de los demás, atendiendo las necesidades de todos
 y dejándome para la última. 
Cancelando mis planes por tener contentos a todos. 
Y lo que más me jode es que una lo hace porque los quiere, 
porque es tu familia y ellos son los primeros que te machacan. 
Los que más daño te hacen. 
Los que más te critican. 
Y tú callas, y callas... 
y tragas con todo.
Valiente. 
Si fuera valiente 
¡¡Cuántas cosas habría hecho en su momento!!
¡¡Cuántas cosas me arrepiento de haber dejado marchar y escapar entre mis dedos!!
¡¡Ja!!
 Si realmente lo fuera...
 hace mucho tiempo que le habría plantado cara a todo. 
Y habría hecho lo que tanto anhelo y deseo. 
Pero no, no soy valiente. 
Sino ya no estaría aquí.
 Sería libre.
Estaría lejos de casa o, directamente, 
ya no estaría entre vosotros.